Así fue la Operación Militar que llevó acabó con la detención del dictador Nicolás Maduro y, posiblemente, con la Narcodictadura que Gobierna Venezuela

En la madrugada del 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una brillante operación militar en Venezuela que culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Esta acción, anunciada por el presidente Donald Trump como un éxito rotundo contra la tiranía chavista, marcó el fin de un régimen acusado de narcoterrorismo y devastación nacional.
La intervención, descrita como “espectacular” y precisa, involucró ataques quirúrgicos y fuerzas de élite, recibiendo elogios de líderes como Javier Milei y celebración masiva entre venezolanos y la oposición.
Los antecedentes se remontan a 2025, cuando la administración Trump clasificó al Cartel de los Soles, liderado por Maduro, como organización terrorista. Esto justificó un despliegue masivo en el Caribe y operaciones contra el narcotráfico. Trump firmó órdenes autorizando acciones decisivas, incluyendo la captura del narcodictador.
La operación principal, bautizada como Operación Resolución Absoluta, comenzó alrededor de las 2:00 a.m.
Explosiones controladas neutralizaron bases clave como Fuerte Tiuna, La Carlota y puertos, cortando comunicaciones y electricidad en zonas estratégicas.
Más de 150 aeronaves estadounidenses desmantelaron las defensas chavistas, permitiendo la irrupción de helicópteros.
La operación fue acometida por unidades de élite de la denominada Delta Force, involucrada en operaciones de alto riesgo en zonas de combate.
A ellos se les atribuyen múltiples operaciones similares como el arresto del dictador Manuel Noriega en Panamá en 1989, la que en 2019 condujo a la muerte del líder de Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi o la captura de Sadam Hussein en 2003.
The Washington Post señala que Estados Unidos había desplegado en Venezuela dos unidades de la Delta Force procedentes de Oriente Medio y el norte de África en las últimas semanas, con la misión de establecer un “patrón de vida” de Nicolás Maduro.
Los agentes siguieron todos sus movimientos en medio de una creciente psicosis del régimen, según las fuentes del diario.
Medios locales apuntan que estas unidades del Ejército estadounidense contaron con la colaboración de unidades de élite de la CIA, que ayudaron a localizar el lugar en el que se encontraban Maduro y su esposa para posibilitar la incursión de la Delta Force.
No hubo bajas estadounidenses fatales.
Los detenidos fueron evacuados en helicóptero al buque USS Iwo Jima y trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas destructivas.
Trump, supervisando en tiempo real desde Mar-a-Lago, declaró en rueda de prensa que EE.UU. “dirigirá” Venezuela hasta una transición segura, priorizando la reconstrucción petrolera con empresas estadounidenses.
Advirtió a remanentes chavistas de un posible segundo ataque mayor y elogió la operación como una demostración incomparable de poder militar.
En Venezuela, el régimen declaró emergencia, pero su debilidad quedó expuesta. Delcy Rodríguez exigió prueba de vida, denunciando la acción, mientras leales llamaban a resistencia armada.
Reacciones internacionales destacaron celebraciones: Javier Milei exclamó “Viva la libertad, carajo”; Isabel Díaz Ayuso criticó la complicidad de gobiernos izquierdistas con dictaduras; famosos venezolanos y la oposición, como María Corina Machado, lo llamaron “fin de la tiranía”.
Países aliados condenaron, pero el foco estuvo en el júbilo por el descabezamiento del régimen.
Esta operación, ejecutada con precisión quirúrgica, plantea el inicio de una Venezuela libre.
Con Maduro enfrentando justicia en EE.UU., el chavismo agoniza, abriendo paso a la reconstrucción y la democracia ansiada por millones.
María Alarcón




