Tejero abre campaña político-personal de cara a las elecciones con la aprobación y venta de la mentira contable del Presupuesto 2026 y un “Soplapolismo” que es casi su religión política

Si alguien quiere entender de qué va realmente la legislatura de Paloma Tejero en Pozuelo de Alarcón, no necesita revisar hemerotecas ni escuchar discursos: basta con leer el Presupuesto de 2026. O mejor dicho, basta con intentar entenderlo.
Y es que lo aprobado en el último Pleno Extraordinario y Urgente, del pasado martes 23, no es solo un mal presupuesto: es una construcción ficticia, un ejercicio de contabilidad creativa que bordea —y probablemente cruza— el fraude de ley.
El “Soplapolismo” de la alcaldesa Tejero es ya casi una religión política para ella. Le da igual todo. Todo se la sopla…
Pero empecemos por lo básico que es donde comienza su engaño. Su Gabinete de Comunicación ha vendido un pomposo Presupuesto 2026 con 178 ó 180 millones de euros, según el día y el titular. Da igual. Todo se la suda. ELLA va a lo suyo.
Porque el presupuesto real, el que recoge ingresos ordinarios del Ayuntamiento, ronda los 150 millones, según se aprobó en la JGL Extra y Urgente del 2 de diciembre. El resto no son ingresos. Son Remanentes de Tesorería, es decir, ahorros de ejercicios anteriores.

Y aquí está la clave del escándalo y de la gran mentira de una mujer que ha perdido el oremus: Para ella el Remanente de Tesorería es un ingreso presupuestario. Y no lo es.
No lo es jurídicamente, no lo es contablemente y no lo es según la normativa básica de estabilidad presupuestaria.
El remanente solo puede incorporarse posteriormente, mediante expediente específico, para financiar gastos concretos. Utilizarlo desde el inicio para inflar el presupuesto es falsear la naturaleza del documento.
Dicho de otra forma, el Presupuesto 2026 se ha aprobado mintiendo sobre su tamaño real pero a ella eso le importa un pimiento.
Pero la cosa no se queda ahí. Para sostener esta ficción, Tejero ha tenido que hacer algo aún más llamativo y, en claro fraude de ley, al enmendar masivamente su propio presupuesto. No hablamos de ajustes técnicos. Hablamos de decenas de enmiendas que cambian partidas, reordenan prioridades y alteran el sentido del documento inicial. En la Comisión de Hacienda, la alcaldesa presentó tantas modificaciones que, en la práctica, estaba presentando otro presupuesto distinto.
¿Por qué no se retiró el presupuesto inicial, no se reinició el proceso y no se dio a la oposición ni a los vecinos la oportunidad de analizar un documento coherente?
Por “Soplapolismo”…
De hecho, se hizo lo contrario al parchear sobre la marcha y correr al Pleno urgente antes de que alguien hiciera demasiadas preguntas y de 178 millones los subió a 180.
Y entonces llegó la nota de prensa, ese género literario tan querido por ella y para el que trajo a un escritor.
Según el Gobierno de Pozuelo, el presupuesto “refuerza el modelo de ciudad que funciona”, permite “invertir más”, “no sube impuestos” y “no recurre al endeudamiento”. Todo muy bonito. Todo muy vacío. No sube impuestos, dice…
¿Se puede tener menos vergüenza política?
Como ella no vive en Pozuelo, no debe recordar su creación de la Tasa de Basuras. Ni de sus subidas de las tasas, además de su incumplimiento de promesa electoral y no haber bajado ni un solo impuesto.
Pero a ella se la sopla. Vende humo. Eso es lo que cuenta.
Y le da igual decir que va a invertir más gastando los ahorros. Pero eso no es invertir más, es gastar lo que ya tenías. Para qué va a subir impuestos cuando tiene remanentes acumulados…
Y lo de presumir de solvencia municipal mientras se aprueba un presupuesto que depende de incorporar dinero (que no es ingreso) es de un trapacerismo político de primer orden…
Eso, como mínimo, es una tomadura de pelo. Pero a ella se la suda.
Sin embargo, lo grave no es usar el remanente. Lo grave es convertirlo en el eje del presupuesto, ocultando que el crecimiento real es mínimo y que no existe un proyecto claro de ciudad detrás. No hay planificación a medio plazo. No hay prioridades definidas. Hay propaganda, cifras infladas y prisas constantes.
Hay campaña político-personal de cara las próximas elecciones. Tiene necesidad de decir que va a hacer algo importante en los titulares cuando en el cuerpo de la noticia todo es mentira.
Este presupuesto no es una anomalía. Es la foto fija de toda la legislatura: Anuncios exagerados, documentos mal armados, procedimientos forzados y una relación cada vez más laxa con la verdad. Todo se presenta como histórico, ejemplar y modélico hasta que alguien se molesta en leer la letra pequeña.
El Presupuesto 2026 no es de 180 millones. No lo es aunque lo repitan cien veces. Es un presupuesto maquillado, construido sobre una mentira contable, aprobado deprisa y vendido con soberbia. Y cuando un gobierno necesita mentir con los números para sostener su relato, el problema ya no es económico. Es político.
En Pozuelo, la legislatura de Paloma Tejero se resume así: mucho discurso, nucha foto, poca transparencia y demasiada ficción presupuestaria. Y eso, por mucho remanente que se le eche encima, no hay manera de cuadrarlo.
A ver si hay suerte y, en su momento, lo pilla la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid…
Se lo pediré a los Reyes Magos…
Ya vale de “Soplapolismo” como forma de Gobierno.
Para esta señora ya es casi su religión política…
El Capitán Possuelo





