La chorrada provocadora de “Ánimo Alberto” de Pedro Sánchez cuando Feijoo anuncia que lo citará en la Comisión de investigación del caso Koldo solo es, según X, una evasión cínica

En el Congreso de los Diputados, ayer 8 de octubre de 2025, el líder del PP Alberto Núñez Feijóo anunció que citaría a Pedro Sánchez en la comisión de investigación del Senado sobre el caso Koldo, un escándalo que destapa comisiones ilegales en contratos de mascarillas por 53 millones de euros durante la pandemia, salpicando al exministro José Luis Ábalos y al núcleo del PSOE.
La respuesta de Sánchez no fue una defensa ni un compromiso con la transparencia sino un sarcasmo condescendiente: “¡Ánimo, Alberto!”.
Esta frase, pronunciada con una sonrisa burlona, provocó risas en la bancada socialista pero, en las redes, especialmente en X, se convirtió en el símbolo de un cinismo presidencial que ridiculiza la rendición de cuentas.
Usuarios y analistas la tildaron de “vergonzosa” y “macarra”, un chiste de mal gusto ante un informe de la UCO que revela pagos en efectivo sin trazabilidad por 95.437 euros entre 2017 y 2021 al entorno de Ábalos, sugiriendo opacidad en la financiación del partido.
Esta no es una anécdota aislada, sino el último capítulo de un guion repetido donde Sánchez evade la corrupción que rodea a su familia, gobierno y partido con frases que suenan a excusas de patio de colegio.
Recordemos el caso de su hermano David Sánchez, investigado por ocho delitos en el caso de prevaricación urbanística en Badajoz, o su mujer Begoña Gómez, implicada en investigaciones por tráfico de influencias.
Feijóo lo espetó en el hemiciclo: “Decía usted, ‘mi hermano y mi mujer son inocentes’. Ocho delitos investigados”. Y ante el rosario de escándalos –desde los ERE de Andalucía con 680 millones malversados hasta el caso Mediador con sobornos en Canarias–, Sánchez opta por el desdén.
En X, la indignación fue inmediata: “Es una vergüenza para España y para la Democracia que esta panda de delincuentes siga robándonos”, tuiteó un usuario, mientras otro lo llamó “traidor y corrupto junto a su mujer, hermano y todo este Gobierno, por encima, de cachondeo”.
La ironía se agrava al unir esta evasión con otras perlas presidenciales que X ha inmortalizado como memes de la impunidad.
En junio de 2025, durante una comparecencia eterna ante el Congreso sobre la cascada de dimisiones por corrupción en su círculo –Ábalos en el banquillo del Supremo, Santos Cerdán en prisión–, Sánchez soltó: “Son las cinco y no he comido, creo que también es importante”.
La frase, pronunciada con fatiga fingida, desató una oleada de burlas en la plataforma.
“Pedro Sánchez después de ver cómo su círculo de confianza cae por corrupción: ‘Son las cinco y no he comido’”, ironizó el PP oficial, acumulando miles de likes, mientras el país digiere informes de 295 cuentas bancarias del PSOE sin incluir en su contabilidad.
Estas expresiones no son inocentes; son un patrón para trivializar la podredumbre sistémica.
En el caso Koldo, la UCO no halló “sobres con dinero”, pero sí un “patrón de pagos en metálico sin trazabilidad bancaria”, movimientos que en cualquier empresa auditada desencadenarían alarmas.
“El problema no es la cifra sino el contexto, con un exministro, exsecretario de Organización y miembro del núcleo duro del Gobierno de por medio”, denunció un tuitero, recordando que el PSOE acumula subvenciones irregulares en el Ministerio de Igualdad y una “pérdida total de confianza en sus propios cuadros”.
Sánchez, en lugar de auditorías independientes, responde con comisiones internas y relatos propagandísticos: “El PSOE no se ha financiado ilegalmente”, mintió en TVE, pese a que los “sobres del PSOE a Koldo constituyen un blanqueo de capitales según su propia ley”.
“Ánimo Alberto” corona este repertorio de huídas: una risita ante la citación que podría destapar más hilos de la trama.
En X, lo ven claro: “Está tan pringado como ellos”.
El presidente no come a las cinco, no duerme por flotillas lejanas y le dice a los damnificados por la Dana de Valencia que si quieren algo que lo pidan pero solo se burla de un país harto de opacidad.
Sánchez ha convertido la Moncloa en un circo donde la corrupción se disfraza de anécdota, pero las urnas, como los tuits, no olvidan.
¿Cuánto durará este teatro antes de que el telón caiga?
El Atalayero





