La chulería impune de Begoña Gómez al no presentarse ante el juez Peinado es impropia de la mujer del Presidente y un desprecio a la Justicia que, según X, la izquierda aplaude

En un país donde la igualdad ante la ley debería ser un pilar inquebrantable, el caso de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno Pedro Sánchez, representa el colmo de la arrogancia elitista.
El pasado sábado 27 de septiembre de 2025, Gómez decidió plantar al juez Juan Carlos Peinado en la citación judicial programada en los juzgados de Plaza de Castilla, Madrid.
En lugar de comparecer personalmente, como exigía la ley para una imputada por presuntos delitos de malversación, envió a su abogado a balbucear excusas.
“Su presencia no es indispensable”, alegó la defensa, como si la Justicia fuera un trámite opcional para los intocables de Moncloa.
Esta maniobra no solo viola el artículo 449 bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que obliga a la comparecencia física en casos como este, sino que huele a un desafío descarado al Estado de Derecho.
La chulería de Begoña Gómez no es un desliz aislado; es un patrón de desprecio soberbio hacia las instituciones. Recordemos que en noviembre de 2024, ya intentó esquivar una citación similar para acompañar a Sánchez al G-20 en Brasil, priorizando viajes pagados con dinero público sobre su deber ciudadano.
El juez Peinado, en una respuesta contundente, le advirtió entonces: “Si no acude, ordenaré su detención”.
Y en julio de 2024, tras negarse a declarar, el magistrado reiteró que su ausencia injustificada podía derivar en arresto inmediato.
¿Qué mensaje envía esto?
Que para la consorte del presidente, las normas son para los demás.
Usuarios en X no han tardado en calificar esto de “conducta típica de imputados inocentes… por los cojones”, destacando el cinismo de quien se cree por encima de la ley.
Otro tuitero lo resume con crudeza:
“Ole por el coño de Begoña Gómez de no presentarse ante el Juez Peinado… A esta gentuza hay que pararles los pies”.
Peor aún es el apoyo infumable que esta actitud ha recibido de la izquierda, esa que se erige en guardiana de la moral republicana pero que, ante el escándalo, cierra filas en una hipocresía asfixiante.
Mientras el juez Peinado es tildado de “circo mediático” y “empleado de la derecha” por imputar sin pruebas (según defienden fieles socialistas), el PSOE y sus satélites convierten la desobediencia en virtud.
“Begoña Gómez no debe presentarse el lunes. A ver si tiene pelotas Peinado de ordenar la detención”, tuiteó un afín al Gobierno, invocando el artículo 449 bis como escudo para justificar la prevaricación.
Figuras como Óscar Puente, ministro de Transportes, han avalado esta interpretación laxa, minimizando la amenaza de detención como un “exceso ayuno de apoyo legal“.
Y en coros feministas y progresistas, el mantra es el mismo: “Lawfare de libro”, “indefensión brutal“, como si Gómez fuera una víctima de un complot machista en vez de una investigada que evade responsabilidades.
Esta solidaridad ciega no solo erosiona la credibilidad de la izquierda (que predica igualdad pero protege a los suyos con uñas y dientes), sino que agrava el daño a la democracia.
En X, la indignación es palpable: “Independientemente de la decisión que tome el Juez Peinado, hoy Begoña Gómez ha desafiado a la Justicia y a la Ley al no acudir a la citación. Estaba OBLIGADA a asistir personalmente”.
Otro usuario lo ve como el preludio de una dictadura: “¿Hablamos ya de Dictadura?”.
La Fiscalía, por su parte, rechazó en octubre de 2024 la querella de Gómez contra Peinado, confirmando que no hay base para victimizarse. Sin embargo, la izquierda persiste en su narrativa victimista, falseando declaraciones de testigos y dilatando procesos para blindar al clan Sánchez.
En resumen, la chulería de Begoña Gómez no es un capricho personal; es el síntoma de un poder en decadencia que se ríe de la Justicia mientras sus corifeos la ensalzan. Si España aspira a ser una democracia madura, este plantón no puede quedar en anécdota.
Exigimos detención inmediata y un escarmiento que recuerde: nadie, ni siquiera la mujer del presidente, está por encima de la ley.
La izquierda, con su apoyo vergonzoso, no solo comulga con esta ruina moral, sino que la perpetúa.
¿Hasta cuándo toleraremos esta farsa?
El Atalayero





