¿Por qué no se ha informado del chico (menor de edad) que fue lastimado gravemente por un toro en el encierro del sábado pasado? ¿De quién fue la gran irresponsabilidad del suceso?

Los encierros de toros bravos son muy peligrosos. Dan miedo. Pese a ello, en España hay muchas ciudades en los que se celebran. Forman parte de idiosincrasia. Y cada año resultan numerosos heridos por golpes, traumatismos y cornadas, y en algunos casos han causado muertes. En Pozuelo de Alarcón también y desde hace muchísimos años.
El riesgo es significativo y quienes participan saben del riesgo que corren y deben estar bien preparados, conocer el recorrido y cumplir las normas de seguridad para minimizar los peligros pero…
Pero en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero en esta ciudad se han desnaturalizado en las últimas legislaturas y, como consecuencia, se les ha perdido el miedo. Ya no hay toros de verdad. Ya no se corren de verdad. Hace tiempo que son una pantomima. Aunque eso no quita que se les pierda el respeto. Y también se lo han perdido. Por eso ya no vienen los grandes corredores de la región ni del resto de España como venían hace algunos años…
Y eso fue lo que pasó el sábado pasado.
El encierro del sábado pasado fue traicionero. Cuando nadie lo esperaba (porque solo se habían corrido desechos de tienta) salió un toro grande, el más grande y fuerte de las fiestas y además con la vista dañada… Y cogió a un chico de 15 años que nunca debió estar allí.
El menor salió malparado, se estrelló contra la talanquera con un golpe seco del toro en la espalda y tuvo que ser trasladado de urgencia por un quirófano móvil al Hospital Puerta de Hierro, donde ingresó directamente en la UCI.
Afortunadamente, ayer, ya se encontraba en planta con buena evolución.
Por supuesto, el Gobierno del Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón no informó del suceso. Modo Pilatos. “¡Pío, pío, que yo no he sido!”
Pero sí lo fue. Fue responsable “in vigilando”.
No se puede desnaturalizar el concepto de encierros como ha hecho. Esta ciudad no puede jugar a disfrazar el peligro.
Y, ante esto, no me queda más remedio que hacer unas cuantas preguntas tontas.
¿De quién fue la responsabilidad del tremendo golpetazo que sufrió un menor de 15 años en el encierro de mal llamado Toro de las Peñas el sábado pasado por la tarde?
Abro paréntesis. Y digo “mal llamado Toro de las Peñas” porque, si quieren llamarlo así, deberían ser las Peñas quieres lo comprasen que para eso se les subvenciona. El resto de los contribuyentes no tiene por qué pagarles un toro para su diversión particular. Si desprecian al resto de vecinos de la ciudad, que se paguen sus caprichos. Cierro paréntesis.
¿Tiene responsabilidad, acaso, el Gobierno de Pozuelo por haber ido poco a poco desvalorando el peligro de los encierros y haberlos convertido en pantomima…?
En Pozuelo, insisto, se ha perdido el respeto al encierro. Se ha perdido el miedo. Y cuando se pierde el miedo, ocurre lo inevitable. Un drama a tres centímetros de una tragedia.
Y, además, la alcaldesa Tejero lo ha consentido no sé si porque no sabe de qué va o porque sus asesores taurinos son unos tuercebotas. Una de las dos. O las dos, que sería peor.
¿La Policía Municipal también tiene responsabilidad ya que ni siquiera advirtió por megafonía del peligro ni pidió el DNI a nadie pese a que había muchos menores?
¿Dónde estaba la Policía Municipal esa tarde?
¿Quién controlaba que no hubiera menores en el recorrido?
Está terminantemente prohibido por la ley que menores de 16 años participen en los encierros. Pero nadie pidió el DNI. Nadie cumplió con su deber. Se dejó entrar a cualquiera. No se despejó el recorrido. Y no se advirtió que era un toro grande y burriciego.
Todo fue una chapuza del tamaño de la Monumental de las Ventas.
¿O la responsabilidad también la tiene, por último, esa peña taurina que ha convertido los encierros en un juego de niños con su ‘Encierro Chiqui’?
Los niños muchas veces no distinguen entre juegos y peligro.
Nunca me gustó esa actividad mal llamada “taurina”. Si esa peña quiere educar a los niños de Pozuelo en la Tauromaquia y, por lo tanto, en los encierros, está muy bien pero hay mil formas de hacerlo. Todas válidas menos mostrándoles que los encierros son un juego.
El chico, afortunadamente, sigue recuperándose y, ojalá, salga adelante solo con el susto. Pero el daño ya está hecho. Y pudo ser peor.
Por otra parte, el Ayuntamiento puede encontrarse con una denuncia de los padres. Y si llega, que nadie se sorprenda. Porque aquí no hablamos de mala suerte. Hablamos de otra cosa. Hablamos de dejación de funciones. Hablamos de un Gobierno que ha fallado a lo más básico: Proteger a sus vecinos cumpliendo la ley.
El sábado pasado Pozuelo vivió una tragedia evitable.
Si el Gobierno del Gran Pozuelo de Alarcón quiere recuperar su vieja y prestigiosa tradición taurina, debe empezar por la seriedad…
Y la seriedad no parece que la declinen en este Ayuntamiento.
Juan Manuel Sánchez






