Consideraciones sobre las conspiraciones e intrigas que produjeron la actual crisis de Vox Pozuelo y que han desembocado en un gran desprestigio de la agrupación en esta villa

Estimado Director:
A propósito del artículo publicado ayer en El Correo de Pozuelo sobre la nueva decepción de la portavoz del Grupo Municipal Vox Pozuelo Ainhoa García en el Ayuntamiento, le envío unas consideraciones sobre el tema ya que el tema viene de lejos.
El ascenso y estampida de la señora García no es más que la consecuencia final de la crisis interna de VOX Pozuelo y su repercusión en el Grupo Municipal en el Ayuntamiento que ha sacado a la luz tensiones latentes que venían gestándose desde hace mucho tiempo. Y es que, aunque desde fuera pudiera parecer una situación reciente, las fracturas internas comenzaron a manifestarse a medida que el partido experimentaba cambios a nivel nacional.
En las elecciones municipales de 2019, VOX estaba en pleno ascenso, beneficiándose del impulso generado por su crecimiento del partido en Andalucía y el evento de Vista Alegre. Sin embargo, para las elecciones de 2023, el partido comenzó a mostrar signos de recesión, aunque en Pozuelo logró mantener una base estable de votantes, especialmente entre ciertos segmentos de edad.
La desaparición de Ciudadanos y el ascenso de Díaz Ayuso también influyeron en la redistribución de votos, favoreciendo principalmente al Partido Popular. Las encuestas internas del PP predecían entre tres y cuatro concejales para VOX, reflejando un leve descenso respecto al ciclo anterior.
La “crisis” en Pozuelo se hizo más visible en un contexto en el que VOX a nivel nacional pasaba de tener 52 a 33 diputados, marcando una tendencia descendente. En este entorno, ciertos sectores dentro del partido comenzaron a ganar poder, mientras que otros fueron desplazados.
Suele pasar cuando se empieza a perder poder. Estaba claro que Rocío Monasterio perdía fuerza (si alguna vez la tuvo); Ortega Smith parecía que se mantenía, pero no vio el momento (un fake) y junto a ellos la salida del partido de Macarena, Iván y, aquí en Pozuelo, de Rubén Manso, produjo una gran confusión.
Entonces, un sector que podríamos denominar “meapilas” o incluso de camisa azul, empieza a tomar el control.
Un control del partido que comenzó a inclinarse hacia un sector más conservador, representado por figuras como Jorge Buxadé, Ignacio Garriga y Juan José Aizcorbe. Y ese giro no gustó en Vox Pozuelo. Era contrario a lo que inicialmente se consideró un éxito electoral.
Ignacio Fernández, una figura clave en esta narrativa, ve que su cargo corre peligro al ver que se empiezan a barajar ciertos nombres desde Madrid. A Ignacio Fernández no le querían bajo ningún concepto, empezando por Rocío Monasterio y siguiendo por Aizcorbe.
Fernández se defiende proponiendo a alguna persona que podría ser del gusto de Aizcorbe, como fue el caso de Fernando Rodríguez -íntimo amigo de Aizcorbe- y, en esa búsqueda es cuando Ignacio Fernández se fija en Ainhoa García a quien presenta como una candidata ideal por su perfil profesional y personal. Sin embargo, Ainhoa García comenzó a maniobrar dentro de la agrupación para consolidar su propia base de apoyo, incluyendo a amigas cercanas en la lista electoral.
La relación entre Ignacio Fernández y Ainhoa García se deterioró rápidamente debido a constantes enfrentamientos y diferencias en la estrategia política. Ainhoa, sintiéndose marginada y superada por las intromisiones de Ignacio, buscó apoyo externo y, eventualmente, dos ex concejales presentaron denuncias contra Ignacio por acoso laboral y financiación ilegal. Esto marcó un punto de no retorno en la crisis interna.
La situación se agravó con la llegada del periodista Carlos Sagastibelza, quien se alineó – por orden de Madrid- con Ainhoa y el sector ya dominante en la capital de España. Las restricciones impuestas a la comunicación interna y el control sobre las redes sociales exacerbaron la tensión dentro del grupo municipal. Las denuncias y los intentos de remover a Ignacio demostraron la profundidad del conflicto. Las diferencias eran irreconciliables. Finalmente, la expulsión de ciertos miembros del grupo municipal confirmó que la crisis había alcanzado su punto más álgido.
En retrospectiva, es evidente que las tensiones internas de VOX en Pozuelo fueron el resultado de ambiciones personales y luchas de poder. Aunque todos los implicados podrían haber manejado la situación de manera diferente, la falta de cohesión y la traición interna marcaron el destino del grupo.
El tiempo determinará quién tenía razón, pero la crisis ha dejado una huella indeleble en la estructura del partido en Pozuelo y su futuro en la ciudad no es nada halagüeño.
Han defraudado a los afiliados y simpatizantes y será difícil recuperar su confianza.
Juan Pozuelo





