El Fantasma de don Agustín, con su retranca habitual, asegura que la alcaldesa Quislant prefiere salvar su alma inaugurando el edificio de Caná que las prometidas viviendas públicas

En mis cortas entendederas no llegaba a comprender muy bien el sentido de la frase. Pero, a tenor de las veces que la he oído proferir en la Casa, debía representar algo importante.
Puede ser usada tanto en sentido positivo como negativo. Y como es natural, los que gobiernan dicen que la poseen y los que están en la oposición acusan a los primeros de no tenerla.
Me refiero a eso de “tener voluntad política”.
Pero poco a poco y vistas las cosas con un poco de perspectiva, parece que lo voy entendiendo y me parece que al final es algo así como tener ganas de hacer algo, de poner empeño en conseguirlo y de realizarlo de forma rápida.
No se bien por que razón en esto de la política se utilizan tan a menudo formas tan extrañas de denominar las cosas. Con lo fácil que sería llamar las cosas por su nombre, con el fin de que los ciudadanos de a pie lo entiendan y no se llamen a engaño.
El caso es que cuando uno comprueba como se van retrasando algunas actuaciones municipales, casi “ad calendas graecas”, empieza uno a entender eso de tener o no “voluntad política”. O, dicho de otra forma, que no se tiene ninguna intención de llevarlo a cabo, aunque se haya aprobado.
Se vota afirmativamente una moción de la oposición porque el voto negativo no se entendería por los vecinos y, además, les haría quedar mal ante la galería, pero no se tiene ninguna intención, ni ganas, de llevarla a la práctica.
Se deja correr el tiempo, se dan largas cuando se pregunta sobre ello y se queda a la espera de que los sufridos ciudadanos vayan olvidando el asunto en cuestión.
De esa forma, por ejemplo, se vota afirmativamente una moción del grupo socialista acerca de la construcción de viviendas sociales en una parcela del barrio de la Estación y luego” si te visto no me acuerdo”.
Debe ser que la cosa no es necesaria y que existen, para el equipo de gobierno, otras prioridades como ir enladrillando, poco a poco y sin tregua, algunas zonas verdes del municipio. Para eso si parece que hay un exceso de voluntad política.
La hay para eso y para asfaltar con premura alguna determinada calle del municipio.
Claro que, en este caso, la rapidez debe estar relacionada con la intención de no topar con la iglesia. Y más si se trata de la de Caná.
La inauguración de las nuevas dependencias parroquiales, edificadas en la parcela cedida por el ayuntamiento, el próximo martes por el cardenal de Madrid sí son motivo suficiente para que se haya puesto de manifiesto eso de la “voluntad política”
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






