Al Fantasma de don Agustín le molesta mucho el discurso de algunos concejales de Gobierno asegurando que Pozuelo es maravilloso cuando ya solo es una ciudad en franca decadencia

Está visto que en esta Casa no se gana para sorpresas.
Convencido estaba de que, tras la remodelación, llevada a cabo por la alcaldesa en eso de las delegaciones de los concejales, no nos esperaba nada más que la placidez y el descanso. Ya se sabe que los calores del estío invitan a la escasa actividad. Un periodo de tranquilidad hasta el comienzo de un nuevo curso político que suele empezar con las fiestas patronales de septiembre.
Y en esas me encontraba, cuando el otro día saltó la liebre: se iba otro concejal.
Unai renunciaba a su acta de concejal por aquello de buscar, lejos de Pozuelo, mejores y mayores posibilidades de promoción en su carrera política.
Debo decir que, en lo personal, le deseo lo mejor para él pero también tengo que decir que lo lamento. No anda sobrado este ayuntamiento de personas que conozcan el pueblo, que estén integrados en su vida social y que, por tanto, representen con fidelidad los intereses de los vecinos.
Se podrá estar, o no, de acuerdo con sus planteamientos y sus posturas, pero no deja de ser cierto que representaba, y defendía, una forma de entender nuestra villa. Y ese era su problema.
El mismo problema con el que se encuentran, una y otra vez, todos aquellos concejales que, ilusos ellos, quieren hacer política en Pozuelo.
Porque aquí no se hace política. Aquí parece que únicamente se viene a hacer gestión. Se viene a tramitar expedientes y a llevar a cabo las actividades del día a día. Incluso éstas de forma manifiestamente mejorable.
Aquí no se viene a transformar la realidad, se viene a mantenerla. El pensar es algo que cuesta mucho y, por lo visto, no debe entrar en el sueldo.
Pozuelo es, en la actualidad, una ciudad anclada en su pasado. Un pasado que seguimos arrastrando y del que aún seguimos viviendo pero que, poco a poco, se ha ido desgastando. Éramos un municipio para imitar y ahora somos un municipio en franca decadencia. Aquellos que nos miraban con envidia nos han superado en iniciativa y en modernidad.
Por eso me cansa sobremanera escuchar a ciertos concejales cuando, para poner en valor al municipio, únicamente saben sacar a relucir la renta media per cápita de los vecinos, la baja tasa de paro o la esperanza de vida.
Me cansa, porque nada de eso es fruto de las iniciativas políticas municipales que se están llevando a cabo. Nada de eso es consecuencia de la gestión que se lleva a cabo en esta Casa.
Me cansa, porque es una forma torpe de tratar de ocultar la propia inoperancia.
Me cansa porque esas intervenciones me hacen ver a nuestra villa como uno de esos viejos hidalgos de mi época que únicamente vivían de viejas glorias, rodeados de antiguos recuerdos y cuyo único orgullo era hablar de su limpio linaje.
Y nada de eso era una aportación propia. Nada de eso era fruto de su trabajo.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






