Lo ha vuelto a hacer: Ángel Garrido deja la política tras conocer que Edmundo Bal es el elegido para ser el candidato a presidente de la Comunidad en la lista de Ciudadanos

Ángel Garrido hizo público este viernes que deja la política tras una trayectoria de 25 años en el Ayuntamiento de Madrid y en el Gobierno regional.
El que fue sucesor de Cristina Cifuentes y después fichaje de Albert Rivera en Ciudadanos, cuando vio que no iba a ser candidato del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid, se va huyendo de “la polarización”, “la crispación” y el “radicalismo” de la política actual.
Miente. Su soberbia no le permite seguir. Ve con Dios y no vuelvas más.
Ángel Garrido ha hecho pública una carta de despedida justo el día después de que Ciudadanos decidiera lanzar a su portavoz adjunto en el Congreso de los Diputados, Edmundo Bal, como candidato a presidir la Comunidad de Madrid después de las elecciones del 4 de mayo.
En la misma, el ex dirigente regional explica que ya había decidido dejar la política al final de esta legislatura, pero que al adelantarse las elecciones autonómicas, ha preferido adelantar también su marcha y comunicar a Cs que deja la política y que no quiere ir en ninguna lista electoral. Seguirá, eso sí, como diputado regional hasta el 4 de mayo y también ayudará y apoyará en su campaña a Edmundo Bal.
En su despedida, Garrido desea mucha suerte al ex vicepresidente regional Ignacio Aguado que ha dado un paso a un lado y ha renunciado a ser candidato, y al nuevo cabeza de lista de Cs, “sin duda, el mejor candidato posible y una garantía para mantener la ilusión y las ganas de trabajar que siempre han caracterizado a este partido”.
El dirigente de Cs y ex presidente regional con el Partido Popular abandona la política lamentando también que ésta ha cambiado. Y reconoce su “incapacidad de adaptación” al nuevo escenario. Una situación política caracterizada por “la polarización”, añade, que es “un eufemismo para blanquear la política de bloques, el radicalismo y en buena medida la crispación”. Esta forma de entender la política es, según concluye, “el peor escenario que se puede plantear”.






