El bosque de Montengancedo y el Parque Adolfo Suárez son ejemplos claros del desinterés mediambiental de los gobernantes municipales de Pozuelo (PP, VOX y C’S)

Esta es la situación política de los partidos gobernantes de Pozuelo de Alarcón (PP, Vox y C’s):
Seguimos pendientes, aún, del “inicio” de las obras de soterramiento de la Estación de ferrocarril, promesa central del grupo municipal de VOX en su singladura al gobierno municipal pozueleño y broma-reclamo del ayer candidato Aizcorbe, hoy diputado, para “hacerse” notar – ¡y de qué manera! – medioambientalmente, cuando con un programa fotocopiado al del PP, visto el cariño con el que se manejan en la Casa Rosada, hubiesen cumplido.
Los naranjas del Consistorio han desaparecido, más preocupados de tapar los deslices de Aguado en la Comunidad de Madrid y de buscarse la vida que de vigilar a Susana y proponer acciones en beneficio de sus representados.
Y huérfanos los peperos de oráculo espiritual que los conduzca a una nueva mayoría, amortizada la etapa “Quinslantiana” con ribetes murcianos, nada nuevo cambia en el mundo político municipal: Triunfa la construcción, el cemento y el ladrillo, en desdoro de un futuro más azul, verde y boscoso.
Si la barbarie acometida con el aparcamiento del parque-no parque Adolfo Suárez, lagos desecados incluidos, es una loa al capitalismo de alquitrán con ribetes caciquiles; la propuesta de la tala indiscriminada en el paraje de Montegancedo para beneficio del señorío que allí pueda aniñar, atascos y contaminación incluidos. Algo solo comparable al 3% de la arcadia catalana, pasado por ERTES, Gürtell y tarjetas SIM incluidos.
Por una vez, las fuerzas dizque progresistas locales, separadas, pero orientadas en la misma dirección, trasladan un punto de encuentro y de alarma a la ciudadanía pozueleña, recordándonos que, si no caminamos juntos ante esta salvajada, acabaremos teniendo pisos que no podamos comprar y bosques que no podamos disfrutar para mayor gloria de constructores y fenecimiento del libre albedrío popular.
De posibles intereses económicos-financieros, ni hablamos.
En un tiempo en el que mirar al futuro solo se puede realizar conservando la foresta que aún nos queda, en Pozuelo siguen creciendo los depredadores del ecosistema sin más finalidad que convertir nuestra ciudad en una continuidad a la contaminación capitalina, en vez de mantener el jardín que la llenaría de oxígeno.
Es nuestro deber denunciarlo y nuestra obligación salvaguardar ambas zonas, privilegiadas, de nuestro ecosistema pozueleño.
Tenemos lo que buscamos: Hace un año y medio votamos con la nariz tapada y, como siempre, nos acaba llegando el mal olor a todos.
Alejandre






