El Fantasma de don Agustín hace un panegírico de la Corona de España para defenderla ante la penosa campaña a que están sometiéndola y advierte del peligro que supone Pedro Sánchez
No, hoy no toca hablar de esta villa y de cuanto aquí acontece.
Me siento obligado, por lo que en esta antigua nación viene sucediendo a elevar mi voz para decir cuánto pienso. No es que espere que sea oída, pero como decía Quevedo: “hoy no debe ser pecado la verdad desnuda y romper el silencio el bien hablado”
Nunca fui devoto del poder y de sus oropeles, como tampoco he sido especialmente admirador y defensor de la institución de la monarquía. Y por eso, principalmente por eso, me siento más libre para señalar con un dedo acusador a quienes ahora veo lanzados a una penosa campaña de acoso y derribo contra la Corona.
Se suele decir que, a una persona, y en este caso a una institución, quienes con mayor claridad la definen no son otros que sus enemigos y su catadura moral. He observado, por ello, muy atento desde dónde se lanzan los mensajes contra la Corona, tratando de denigrarla para socavar su legitimidad y buscando eliminar su existencia. Y al hacerlo, mis simpatías hacia el monarca actual y hacia la institución que representa no han dejado de aumentar.
Quienes más vociferan, lo hacen sabiendo que han elegido con precisión una de las piedras angulares del sistema democrático actual. Si se logra hacerla caer, todo el edificio, más pronto que tarde, no será sino un montón de escombros.
Quieren derruirlo porque no les sirve para sus planes. No se sienten cómodos en él porque saben que, si sigue estable, no podrán nunca conseguir sus últimos objetivos, los más ocultos. Por ello, quieren poner en pie, otro que les sea más favorable a sus intereses. Otro en el que puedan manejarse como desean.
Es una campaña, sin duda, bien orquestada. Se lanzan mensajes contra la Justicia, llegando a decir que la democracia está por encima de la ley, haciendo creer a las gentes que sin ley puede haber democracia. Y en absoluto es así.
Se trabaja de forma insistente para tratar de tapar la voz de la prensa libre e independiente, suprimiendo su pluralismo para que no existan voces críticas con la verdad oficial. Una verdad que ellos van fabricando según más les conviene.
Se busca una cada vez mayor dependencia de los ciudadanos respecto de las dádivas otorgadas desde el poder, queriendo tener un pueblo cada vez menos libre y crítico, y cada vez más súbdito de sus actuaciones.
Y ahora le toca turno a la Corona, la piedra angular que soporta el arco de bóveda. El paso definitivo en su hoja de ruta.
Ahora parece que, para mi total asombro, a la Corona, como institución, le ha salido un guardián. Se trata, nada más y nada menos que el señor Sánchez, a la sazón presidente del gobierno. Pero, aunque este fantasma no sea nadie para dar consejos, me atrevo a dar uno semejante al que se le hizo a Cesar previniéndole de los idus de marzo:
¡Por favor Majestad, protéjase de semejantes “protectores”!
Don Agustín “El Fantasma del Torreón”






