Este año no hay Fiestas del Carmen en la Estación y el Fantasma de don Agustín reflexiona sobre las Fiestas tradicionales de Pozuelo y su abandono por parte del Gobierno

No deja de resultar extraño.
Empieza a mediar el mes de julio y no huele a fiesta en el barrio de “la Estación”. No se han instalado las luces y el recinto en el que tienen lugar los festejos se mantiene tranquilo, sin esos movimientos, sin el afanoso trajín que suele preceder al desembarco de las atracciones.
Este año los vecinos van a ver pasar la festividad de Nuestra Señora del Carmen sin sus tradicionales fiestas. Y, por lo que a mí respecta debido a mí enclaustramiento, me voy a quedar sin aquello de lo único que puedo disfrutar de ellas: los fuegos artificiales que, año tras año, vengo siguiendo con curiosidad y deleite desde mi torreón.
¡Cosas de la pandemia que todavía nos cerca!
He venido escuchando de los más antiguos del lugar que hace años eran unas fiestas muy bonitas y que rivalizaban con las de la nuestra Patrona. Hay incluso algunos que sostienen que las superaban y que se lamentan amargamente de que hayan ido languideciendo lentamente y sin apenas remedio.
¡Debe ser cosa de los tiempos!
Y también, que duda cabe, de los que se han ido sucediendo en la gobernanza del municipio que, por mor de ser, en buena parte de los casos, extraños a la villa, no se han sentido muy identificados con nuestras tradiciones.
Es cierto que antaño, las fiestas tradicionales eran la única ocasión que tenía los lugareños para su divertimento y que ahora ya no hay que esperarlas con desazón para poder tener momentos de alegre esparcimiento. Ahora cualquier momento es adecuado para poder hacerlo.
Pero también es cierto que las tradiciones resultan esenciales para mantener la identidad. Y aquí la hemos ido perdiendo, o nos la han ido haciendo perder.
De un tiempo a esta parte, han sido muchos y de muchas partes los que han venido a esta villa buscando un buen lugar en el que vivir. Aquí lo han encontrado y por eso no deja de ser un motivo de orgullo el que Pozuelo haya sido un entorno muy apetecible para todos ellos.
Pero ese aumento de la población sumado a que no se ha puesto el suficiente empeño, por parte de los de arriba, en mantener nuestra identidad, ha terminado por hacer que los vecinos no sientan la villa como propia.
Es necesario mantener las tradiciones. Se podrá, y sin duda se deberá, acomodarlas a los tiempos, rejuvenecerlas para hacerlas más atractivas. Esa será la mejor manera de mantenerlas siempre vivas sin que pierdan su esencia fundamental.
Pero he de confesar que con cierta frecuencia he oído decir, por estos pasillos y despachos, que eso de las fiestas era una pesadez, aunque he de decir que se empleaba otro epíteto que mi decoro hace que me resista a transcribir. Y también, también he podido comprobar como muchos, después de hartarse a protestar, terminaban por acudir a los festejos programados. Aunque, eso sí, como si del cumplimiento de un penoso trámite se tratara.
¡Y claro, de esos y otros polvos vienen estos lodos!
Don Agustín “El Fantasma del Torreón”






