Fernando Alonso nos vuelve a dar una alegría esta semana como Rafa Nadal nos la dio la semana pasada. Habíamos perdido esta sana costumbre

No tengo por menos que dedicar unas líneas a dos deportistas de élite, españoles, que estos días son noticia por los éxitos deportivos a que nos tienen acostumbrados: Fernando Alonso y Rafael Nadal.
El asturianin Fernando ha ganado su segundo Le Mans y su primer título mundial de resistencia y el manacorí Rafa su 12 Roland Garros.
Los dos empezaron siendo unos críos, con pasiones distintas, el volante de un coche y la raqueta de tenis que mucho conocimos cuando un tal Manuel Santana jugaba con las estrellas australianas del tenis mientras teníamos pegado el oído a un aparato de radio a altas horas de la madrugada para seguir el tenis de Manolo Santana, el Grande, allá en las antípodas de Australia o en el Winbledom que ganó en 1966 frente al norteamericano Denis Ralston.
Alonso y Nadal tienen la virtud de españolear por el mundo con la mayor naturalidad y modestia. Dos hombres normales, corrientes, tan corrientes que rinden sus tributos en España y no en paraísos fiscales como Andorra o Mónaco.
El mérito de Nadal está en él y en su raqueta, pero a Fernando Alonso no le basta con su volante, necesita de un equipo que no siempre le ha funcionado con coche competitivo.
Lejos quedan los dos títulos Mundiales de Fórmula 1, ganados en los años 2005 y 2006 con la Escudería Renault que dirigiera Flavio Briatore.
Desde entones el paso de Fernando Alonso por la Fórmula 1 ha tenido más decepciones que éxitos… McLaren, Ferrari… nunca encontró el coche que hiciera olvidar su etapa en Renault. Pero ahí están sus cuatro títulos mundiales.
Y es que los tres títulos mundiales de Fernando Alonso y los 12 triunfos de Rafa Nadal en Roland Garros nos hacen muy felices.
José Antonio Rosa




