No se me olvida la vivienda social de Almudena Ruiz Escudero y me indigna que no sea el propio Partido Popular quien haya investigado el caso y haya abierto ya un expediente

Estoy preparando la maleta. Pero despacio. Muy despacio.
Mis recuerdos de ella hacen que cada día esté más triste. La añoro cada día más. Y más. No me imagino un día más sin ella. Mi amor. Mi vida. Mi calma, seguridad. La Navidad me mata.
Esta época me entristece tanto. Que no quiero seguir. No me apetece avanzar un día más. Sin ella. No le digo nada a mi familia porque, sobre todo mi hija, se ponen furiosos.
No soy cobarde. Se lo digo a ella. Soy práctico, cariño. Hablo con ella todos los días. Si donde mejor voy a estar es a tu lado, cerca de ti. Y así ellos no tendrán que cargar con una responsabilidad más. Un peso más. Sólo soy una carga.
En estos pensamientos estaba cuando mi hija empezó a llamar a la puerta.
La maleta tendrá que esperar…
Y allá que me llevó de compras. ¡Qué horror! Lo pasé realmente mal. No me extraña que mi yerno se niegue a acompañarla. Regalos para todos. Hasta para ella. Un paquete sorpresa para mi mujer.
Pero lo mejor fue esas tortitas con nata que nos tomamos ella y yo. Mi hija y yo. Mirándola como cuando era niña. Absorbiendo cada segundo y reteniéndolo en mi memoria. No quiero olvidarla nunca.
Y entonces salió el tema.
Mi hija no entiende que me divierta escribiendo en El Correo de Pozulo. No entiende que me sirva de desahogo. Tampoco entiende para qué cuento cosas del pasado. Y me preguntó, “¿Tú que ganas con todo esto?”.
Y en casa decidí escribir más. No gano nada más que contar la verdad. Y sentirme en paz conmigo mismo.
Con mis setenta más que cumplidos he sido testigo de muchas situaciones. Justas e injustas. Algunas veces me he callado. He mirado a otro lado. Por no liarla. Por no generar tensión. Por tener paz.
Pero ahora. No me callaré.
El pasado es pasado. Y me consta que a algunos les molesta lo que cuento. Y mucho. Pero no conoceremos realmente a los personajes, si no conocemos su pasado. Porque en el pasado está el inicio de su presente y la justificación de actuaciones indecentes silenciadas por algunos.
Mi objetivo no es la familia Ruiz Escudero. Pero sí que se sepa toda la verdad política de ellos. He leído cosas que me han hecho reír. Y reír de pena. He leído que Quique es un caballero. Un tipo honrado. Honesto. Trabajador incansable. Que le quiere todo el mundo.
Y me río.
Pero la cosa no es para reírse. Los que llevamos muchos años afiliados al PP, desde AP, deberíamos contarlo todo. Y muchas veces para que se sepa y no se olvide.
Mi hija está indignada con el asunto sin aclarar del pisito de protección oficial que tuvo Almudena, la niña, cuando era concejala. Eso sí que es un escándalo para ella. Y me dijo que debería denunciarlo la oposición política. Y no entiende que no lo hayan hecho.
Yo le dije que se equivocaba. Lo del pisito debería denunciarlo el PP, para que fuese investigado tanto que no fuera declarado por la hermanísima de Ruiz Escudero, como el destino que se le dio a ese piso durante dos años que ella fue concejala.
Porque todo acabó no por ética ni por remordimientos. No. Fue simple. Se compró un pisito de esos de “acceso limitado para jóvenes” cerca del parque de las Cárcavas. Y era un cantazo mantener ese pisito de protección oficial. ¿Verdad, Quique?
¿Dónde se decidió la renuncia a ese pisito? La boda estaba cerca. Y se tenía que escriturar la nueva vivienda. Vosotros os consideráis intocables, inalcanzables. Pero había estallado Gürtel. Y me cuentan que el miedo empezó a acechar a la familia. Era el año 2009.
Y vuestro “compadre” Leopoldo Gómez podría ser cazado. Y Leopoldo no se callaba nada. Nada de nada. Dicen que chuleaba de que a él no le daba órdenes ningún político. Que sus maneras rayaban lo indecente en cuanto a difamaciones e injurias. Pero que, acorralado, cantaría la Traviata. Y en esa Traviata había más protagonistas. Y ninguno era político del PP. O si.
Sorpresas que da la vida.
El viejo rockero JP.





