Los nombres de las calles sirven en Pozuelo como moneda de cambio. La última vez que Susana P. Quislant lo ha hecho ha sido con el concejal Manuel Allende. Un artículo de Goyito el de la Poza

Sorpresa, sorpresa. Ayer por la mañana me fui a desayunar a la Americana, cerca de las obras que han destrozado el Jardín de los Hortales, y me encontré con la sorpresita de la foto…
Le han puesto una calle a Manu!
Madre mía. Manu era un tipo estupendo, un implacable compañero de barra, de esos de los que no te despegas, con su humor socarrón y su generosidad. Pero eso no da para que a uno le dediquen una calle en Pozuelo. Lo siento.
Claro que también se la dedicaron a Martín Ferrand y a García Berlanga, que apenas pisaron este pueblo más que con el coche. Sin embargo, más de una vez se ha pedido que se dediquen calles a personajes que han trabajado por este pueblo dejando huella y siempre el gobierno se ha negado.
“Mí no entender”. Y hoy no tengo ganas de bromas porque esta es una forma más de hacer política…
Aquí, se le dedican calles a García Cereceda, por hacer casas con las que sacó un pastón; a personas ilustres pero que no han ensalzado el nombre de Pozuelo en ninguna circunstancia; a personas que han muerto lamentablemente por su edad o por las circunstancias… Pero eso no son méritos.
¿Dónde está la calle de Quique Benito, por ejemplo? Un pozuelero que dedicó buena parte de su tiempo a mejorar la vida de los vecinos de este pueblo sin cobrar una peseta. Da igual. No hay foto política, no hay recompensa.
Un amigo me decía que sentía una intima satisfacción cuando su mujer metía la pata y se sentía culpable: “El sentimiento de culpa es el mejor catalizador para las relaciones entre personas”.
No lo entendía muy bien, pero cuando ayer hablábamos del tema de la calle me lo ha repetido:
“¿Por qué crees que le han dado a Manu una medalla, le han dedicado una calle y le prestan todos los honores? NO hay quien lo entienda porque, hace cuatro días, como quien dice, la jefa del cortijo le andaba gritando todo el día y haciéndole la vida imposible.
¿No te acuerdas?
Y ahora resulta que le quería como a un hijo… Es el sentimiento de culpa. Sabe que le trató mal. Se siente culpable. Y además con estas cosas se gana el favor del partido por homenajear a un héroe de los que fueron perseguidos en el País Vasco.
Aquí nada es gratis.”
Pues algo de razón tenía.
Las últimas semanas de Manu, desde que fue concejal, fueron infernales. Ya estaba fastidiado, se cuidaba poco, pero el lidiar con la gran jefa era un suplicio para él.
Una tarde en La Casica me llegó a decir que había días que se levantaba con tan pocas ganas como en Guecho. Que sabía que el día iba a ser jodido, aunque por lo menos no esperaba un tiro. “Con lo bien que estaba con Andrés, sin aguantar esto. Me ha tocado la china”, me dijo con pena.
Es muy probable que haya sentimiento de culpa. Yo también lo tendría. La gente se hace la víctima y actúa como verdugo y luego, cuando ve las consecuencias, se echa las manos a la cabeza.
Manu era un gran tipo, buena gente, gran compañero de sobremesa y de copas. Llevaba mucho tiempo trabajando en Pozuelo, como tantos otros. Pero no era más merecedor de una calle que cualquier otro empleado municipal.
Hay que ver como el sentimiento de culpa cambia las cosas…
EL otro día oí una cosa que me llegó dentro. Yo jugué alguna vez al cluedo cuando era joven y alguien me dijo: “La alcaldesa, en la segunda planta, con la vara de mando”.
Me hizo pensar. Y mira que es difícil…
Descansa en paz Manu.
Goyito el de la Poza






