Primera crónica de un Pleno absurdo y lleno de lugares comunes, en el que destacó la afonía de Ulecia, la bolsa de tapones de su madre y una trapacería legal de la alcaldesa Quislant

Para los que no lo sepan, se dice “lugar común” en política a ese vicio del lenguaje por ser demasiado sabido, excesivo o gastado. Lenguaje que demuestra poca imaginación de quien lo expresa.
Empiezo exponiendo esta definición (abusando de su paciencia) porque, hoy, curiosamente, en el Pleno del Ayuntamiento de Pozuelo (que hemos transmitido en directo por este periódico) se han dado clases gratuitas y magistrales de lo que son lugares comunes en política por parte de nuestros nunca suficientemente bien ponderados concejales. ¡Qué tíos! Son expertos en demostrar, públicamente, su poca imaginación y en abusar para ello de un lenguaje sabido, excesivo o gastado.
Cómo habrá sido el tema que lo único original y destacable que ha habido en el Pleno ha sido la alusión a una bolsa de tapones de la madre del concejal Ulecia y a una trapacería legal de la alcaldesa parapetándose tras el nuevo Secretario del Pleno don Eugenio Martínez. De la primera originalidad hablaré en esta crónica. Del subterfugio legal de la alcaldesa presidenta sobre el número de preguntas que debe hacer la oposición hablaré mañana porque indica, una vez más, el talante (o el miedo) de la señora Quislant. Hoy, toca lo que toca. Aunque, a decir verdad, no sé si llegaré a la Cuarta moción en la que Ulecia usó como argumento los tapones de su madre. Lo intentaré.
Y lo que toca es comentar el paseíllo y lo que han dado de sí las 6 mociones,6, que se han lidiado en el Pleno.
Así que vayamos por partes, como decía Jack el Destripador.
En el paseíllo del Pleno nos enteramos que tenemos nuevo Secretario del propio Pleno. Ha dejado de serlo Oscar Campelo y ha pasado a serlo Eugenio Martínez. Y así, a bote pronto y porque soy muy malo, me viene el mal pensamiento de preguntar a qué se debe el cambio… ¿A que el señor Campelo no estaba habilitado para ejercer de Secretario? Pasan tantas cosas raras en este Ayuntamiento que a saber…
A partir de ese momento, empezaron a actuar los areneros y a tapar cosas con la famosa frase “esto ya lo dije en Comisión”, hasta llegar al paroxismo total de que, por unanimidad, se aprobó sin debatir ni exponer nada el Régimen retributivo de los miembros del Pleno.
¿Qué es el Régimen retributivo de los miembros del Pleno? No lo sé. Y debe ser Secreto de Estado, aprobado en la Comisión de Secretos de Estado y al que los que pagamos la falla con nuestros impuestos no podemos tener acceso. Lo mismo es una gilipollez, pero hubiera estado bien que nos lo hubiesen contado.
Y en esto, aprobando y aprobando decretos y gaitas, la alcaldesa presidenta dio paso a la primera moción. La presentaba Ciudadanos Pozuelo. La defendía (por decir algo) Miguel Ángel Berzal y proponía que se erigiese una estatua o busto a Adolfo Suárez en Pozuelo.
Y aquí empezaron las clases magistrales de lugares comunes, arropadas de una demagogia excelsa. Cualquiera que hubiese oído al portavoz de Somos Pozuelo se habría dado cuenta enseguida de su ascenso en Podemos. Su crecimiento ha sido exponencial y geométrico. Guau. Menos mal que no le tocó el piso de protección oficial hace diez días.
Después intervino la socialista Elena Moreno (tampoco le tocó el piso de protección oficial al que tenía derecho) y se hinchó de darle leña a Berzal. Estuvo bonito lo de las mociones confeti. Me encantó. Pero, salvo eso, no salió de lugares comunes.
Félix Alba, se ve, le tiene ganas a Berzal. Le dio de todas las maneras posibles. Incluso, presumiendo de viejo y de lo viejo que son algunos concejales de su grupo. Alucina, vecina. No tenía sentido nada de lo que decía pero quería rechazar la moción de C’s porque se lo pedía el cuerpo. Se pasó siete pueblos de lugares comunes.
Berzal salió como pudo del envite. Como no creía muy bien lo que defendía, era complicado que los demás le creyésemos. No se aprobó.
La segunda moción era de Somos Pozuelo. Iba sobre la interculturalidad en Pozuelo y en la integración de los inmigrantes que vienen a esta ciudad. Y si en la anterior, su portavoz estuvo crecido en el disparate, en esta estuvo más porque partió de datos falsos. Datos de 2010. Tan pasados como el neocomunismo que defiende. Se hinchó a hablar de lugares comunes y se le olvidó distinguir entre extranjeros que viven en Pozuelo e inmigrantes que vienen a trabajar en Pozuelo. Y no es lo mismo.
Helio Cobaleda estuvo llorón para defender que no se sabía el tema por la cantidad de dudas que tuvo y el mal discurso que hizo. Tanto que no salió de lugares comunes.
A Marta Espinar (una pena que tampoco le tocase el piso de protección oficial al que tenía derecho) le pasó lo mismo que a Helio aunque sin dudar al leer. Vivan los lugares comunes.
Eduardo Oria, en cambio, estuvo bien. Tuvo una intervención trabajada y sin estridencias. Sobrio y conciso. Me sorprendió gratamente. Apúntate 8, Edu.
La tercera moción iba sobre la condena a la violencia en la mujer. Aquí los lugares comunes desbordaron el Salón de Plenos. Hala. Agua va. Viva el Ebro. Resultó sorprendente que no hubiese declaración institucional sobre el tema. Pérez Abraham le echó la culpa a Somos Pozuelo y su portavoz le echó la culpa al PP. Es igual. NO sirve para nada.
Sobre este tema ya conocen mi opinión y la de El Correo de Pozuelo, por lo tanto no voy a insistir. Me hubiera gustado que Maite Pina, en su entusiasta intervención, se hubiese acordado del consentimiento que su portavoz le da a Las Domingas, fotos incluídas. Y lo mismo le digo a Pérez Abraham sobre los jueguecitos de la alcaldesa y su primer teniente de alcalde con la misma peña pozuelera. Publicidad en lugares públicos (pagados por todos), incluida.
Y con esto llegamos a la cuarta moción y empezó el show de Carlos Ulecia. Mi Ulecia. Ulecia es uno de mis concejales favoritos junto a Sampedro y Pablo Gil. La mocíón iba sobre la petición de apoyo del Pleno al Banco de Alimentos, o sea, nada que no se pudiese solucionar con una campaña de publicidad institucional y la donación de un buen dinerito por parte del Gobierno. Pero lo importante fue la intervención de Ulecia.
El concejal de Deportes, Fiestas y Barrios, ante la imposible defensa de la moción, recurrió al buenismo, a que jugó al fútbol de joven con uno de los directivos de Ayuda a quien Ayuda y a su santa madre que colecciona tapones de plástico para donarlos a no sé qué campaña de solidaridad.
Su participación, en cualquier caso, en esta moción es inexplicable salvo que se justifique en sus ganas de tocar balón… ¡Qué ganas! Incluso, ronco salió a jugar…
- ¿Quién va a defender la moción del Banco de Alimentos?
- (Silencio)
- Te toca Juana Beatriz, es tu tema…
- Verá, alcaldesa, es que yo…
- Si no la quiere nadie, la defiendo yo… Soy Carlos Ulecia… Aquí, alcaldesa, al final… Es que casi no se me ve…
- Bueno, venga que tengo prisa… tu mismo, Carlos… Y a ver como te portas…
Y se portó como se portó y salió lo que salió.
Mañana más…
El Capitán Possuelo





