El resultado de las elecciones andaluzas demuestran que al pueblo andaluz, soberano y libre, le trae sin cuidado la corrupción

(23-03-15) Los resultados de las elecciones andaluzas nos han dejado titulares para todos los gustos. El PSOE aguanta, el PP se hunde, Podemos se dispara, C’S aparece con fuerza e IU queda al borde del desastre. Cada uno analizará los datos según el cristal con que los mire. Ha ganado la izquierda. Ha perdido la derecha. Han castigado a Rajoy.
Con el 99,91% escrutado, el PSOE ha obtenido 47 diputados, los mismos que en 2012 y a ocho escaños de la mayoría absoluta. El PP ha caído a 33 (pierde 17, su peor resultado en 25 años) y Podemos ha irrumpido con 15. Ciudadanos ha entrado en el Parlamento con nueve diputados e IU se ha desplomado a cinco.
En Ferraz, aparentarán alegría pero estarán temblando ante la aparición del torbellino Díaz. En el PP estarán asustados ante unos resultados desastrosos. En Podemos pensarán que todo el monte es orégano. En C´S creerán que ya son algo fuera de Cataluña. Y en IU estarán arrepentidos de no ir con Podemos. Y los medios y los analistas, según sea su color político, arrimarán el ascua a su sardina.
Pero hay dos resultados que destacan por encima de todos, aparte del hundimiento del PP por culpa del dedo de Rajoy que puso a un ‘marmolillo’ de candidato. El dedo divino falló y el PP, con estos resultados, debería empezar a plantearse, de verdad, el sistema de elección de candidatos. Una institución tan importante no puede depender de algo tan simple, casi caprichoso, como depende ahora. Alguien tendrá que pagar este error.
Pero, insisto, al margen de este estropicio, creo que lo más destacable del resultado de estas elecciones hay que buscarlo en el entorno de la corrupción política. Y eso sí que es preocupante. La corrupción política le ha salido al PSOE andaluz por las orejas durante toda la legislatura y, sin embargo, ha mantenido los mismos escaños. Y UPyD, por su parte, que se ha desgañitado denunciando esa corrupción política, no ha sacado sin uno solo. Algo pasa.
Esta es la primera y principal conclusión de estas elecciones. Lo del PP, como he dicho, es explicable. Lo de Podemos también. Era lógico que subiese a costa de destrozar a IU y de unir a partidos de la izquierda extraparlamentaria. Creo, incluso, que hay gente de derechas que ha castigado a Rajoy votando a Podemos. Y era lógico que C’s haya ido al mismo corazón del PP y lo haya vampirizado.
No había más que observar la dureza de los ataques del PP (Rajoy, incluido) a Podemos y a C’s. Eran desaforados. El PP ha vivido esta campaña para defenderse en lugar de hacerlo en positivo. Se equivocó. O llegó tarde. Posiblemente, lo segundo. Rajoy distrajo demasiado la atención de la opinión pública con la elección de los candidatos madrileños y se olvidó de Andalucía.
Todo es explicable menos la escasa influencia que ha tenido la corrupción política.
¿Qué ha pasado con la corrupción en estas elecciones?
¿Qué ha pasado en Andalucía para que a la mayoría de los andaluces les haya dado igual la tremenda corrupción política que ha habido durante la gestión socialista y que, incluso, sus dos últimos presidentes estén imputados?
¿Qué ha pasado para que, en Andalucía, se haya castigado, en cambio, a los que pedían cuentas de esa corrupción?
¿ Qué ha pasado para que al pueblo andaluz, soberano y libre, le traiga sin cuidado la corrupción?
¿Al final va a ser verdad que hay una opinión pública y una opinión publicada y que no tienen nada que ver?
¿Ha cambiado la influencia de los medios de comunicación tradicionales y ya pintan menos de lo que creen en una sociedad que ya se maneja en las redes sociales?
¿O, sencillamente, estamos asistiendo a una subversión de valores éticos y la gente piensa que la corrupción política no es su problema?
No lo sé. No lo sé. Y estoy descorazonado porque ni lo sé ni lo entiendo. No entiendo que no pase nada en unas elecciones tras la fehaciente realidad de la corrupción política andaluza.
Ya me disgusté mucho cuando, en las autonómicas pasadas en la Comunidad Valenciana, el PP volvió a ganar de calle cuando la corrupción política inundaba al partido. Ahora pasa en Andalucía.
Y a mí, crédulo del carajo, se me caen los palos del sombrajo. Yo pensaba que el pueblo castigaba a los corruptos. Ahora, tras estos dos casos tan claros, creo que a los corruptos solo los castiga la Justicia. Y que, para los ciudadanos, la vida sigue.
La Tarántula






