El Gobierno del Ayuntamiento de Pozuelo y el banco recién pintado del cuartel

(08-08-14) Cuando yo hice las prácticas de las milicias universitarias, allá por el pleistoceno, estuve destinado en un cuartel de la División Acorazada que no estaba excesivamente lejos de Pozuelo. El caso es que, en ese cuartel, se contaba una vieja leyenda militar. Decían que había pasado allí pero yo creo que era una leyenda generalizada en todos los cuarteles.
Contaban que, una vez, se pintó un banco y que alguien de ‘arriba’ mandó al Oficial de Guardia que pusiese un soldado junto a él para impedir que alguien se sentase en él durante unos días. Se podía manchar o deteriorar la pintura. Y así lo hizo. Al día siguiente cambió la guardia y el nuevo oficial volvió a mandar a un soldado a que vigilase que no se sentase nadie en el banco. Y al otro día igual. Y al otro. Y al otro. Y así pasaron los días y los meses. Y los años. Nadie se preguntaba por qué se ponía allí a un soldado de guardia. Además, para qué. No había necesidad. Nadie quería complicarse la vida y aquello siguió hasta que alguien se arriesgó y cambió. No pasó nada, claro.
Este cuento militar, con una carga de profundidad importante para el propio Ejército, se podía aplicar a Pozuelo de Alarcón. O mejor, a los políticos que van pasando por la gestión del Ayuntamiento. Aquí alguien dijo, hace muchos años, que los pozueleros eran muy suyos y que los que venían a vivir, fuera de los dos centros del Pueblo o de la Estación, nunca se integrarían. Serían forasteros de por vida. Okupas del pueblo. Y como no se integrarían nunca no había que hacer nada por ellos. Eran ricos. Y los ricos no se juntan. Y como en el cuento militar los días fueron pasando y fueron pasando los años. Y los Gobiernos sucesivos del Ayuntamiento seguían haciendo lo mismo que los Oficiales de Guardia del cuartel en el que estuve destinado. Nada. No había que buscarse problemas cambiando las cosas.
Yo entiendo que los ricos-ricos no se integren, aunque alguno he visto en el Hipercor, pero me extrañaría mucho saber que no se integran los vecinos de muchas urbanizaciones de chalets, de muchas urbanizaciones de pisos y de muchos chalets a pie de calle. Me extrañaría mucho. Otra cosa es que el Gobierno del Ayuntamiento gobierne también para ellos y le haga atractiva esa integración. Cosa difícil, por cierto, porque esos Gobierno han ido, uno tras de otro, poniendo un soldado de guardia al lado del banco recién pintado sin preocuparse de más.
Hace unos días, critiqué una serie de acciones que ha llevado el Gobierno del Ayuntamiento y que sólo han beneficiado a unos cuantos vecinos. Y criticaba aún más que nos vendieran como éxito algo que era un fracaso a todas luces, lo que me parecía ciertamente escandaloso. Pero lo peor es que he tenido contestación. Para debatir mi artículo, me han argumentado que eso siempre fue así. Alucina, vecina.
Dos días después, el Gobierno del Consistorio ha sacado una voluntariosa nota en cuyo titular dice: “Más de 400 alumnos participan en los cursos y talleres estivales para jóvenes organizados por el Ayuntamiento”. Algo, por cierto, de lo que me alegré profundamente. Ya no eran unas cuantas decenas, ya eran 400 jóvenes.
Pero mi gozo en un pozo cuando, en el cuerpo de la noticia, leí que esos 400 jóvenes participaban en 38 cursos. Puf. Con una simple división, el resultado era catastrófico. Salían a una media de 10,5 alumnos por curso. Y, puesto a pensar, además resultaba una media cuestionable ya que habrá cursos con 15 alumnos, lo que significa que algunos otros cursos tienen 5 alumnos. Absurdo. Otra noticia sin sentido y contraproducente. (Un día, por cierto, escribiré sobre estos cursos. A este paso, se terminarán dando cursos de enderezar plátanos) ¿Para quienes se hacen estos cursos?
Como es natural, tras echar las cuentas, me quedé sin palabras y me lo volví a cuestionar todo. Algo falla. El Gobierno del Ayuntamiento está haciendo algo mal. Y creo que lo está haciendo mal por costumbre. Lo mismo que, en mi cuartel, ponían a un centinela en un viejo banco al que habían pintado hacía 15 años.







