Reflexiones sobre la campaña electoral recién comenzada y en la que todo apunta que Pedro Sánchez ha decidido batirse en duelo personal contra Isabel Díaz Ayuso en un claro plebiscito
¡Lo que me faltaba!
Parecen empeñados en que no pueda enterarme de casi nada. Cada vez hay menos ajetreo por los pasillos y así no hay manera.
Primero la pandemia y el consabido recurso al teletrabajo que hace que disminuyan los corrillos que se hacían alrededor de las máquinas del café, que eran un filón a la hora de enterarme de lo que se estaba cociendo en “la Casa”.
No me preocupé, porque quedaban los políticos y sus conversaciones que, aunque fueran “sottovoce”, por aquello del miedo a la primera autoridad, también daban para mucho cotilleo. Pero en eso estaba, cuando Ayuso convocó elecciones y, desde entonces, ni los concejales aparecen por aquí.
Las consabidas precampaña y campaña han conseguido que, si antes echaba de menos a los trabajadores, ahora también echo en falta a los políticos que, como no deben tener mucho que hacer y pocos problemas que resolver, se dedican un día sí y otro también a ir de una reunión a un mitin o a un chiringuito de propaganda electoral.
Primero las elecciones, después las elecciones y, más tarde, también las elecciones, … y, muy al final, la política municipal.
Debe ser que todos piensan que estos comicios son mucho más que una votación para elegir el gobierno de la Comunidad de Madrid. Se lo creen, porque ha habido muchos empeñados en que así lo piensen. Y, a lo mejor, están en lo cierto.
A la presidenta Ayuso se la conocía poco, no ya fuera de Madrid, sino en la propia Comunidad, pero por obra y gracia del señor Sánchez ahora la conocen en todos los rincones de la geografía hispana. La conocen, gracias a la labor inestimable del presidente del gobierno y a que doña Isabel Ayuso no ha dejado de dar la batalla dialéctica una y otra vez.
El señor Sánchez ha cometido el gran error de subestimarla, de creerla enemigo fácil y de pensar que la apabullaría sin mayor problema. Pero se equivocó de parte a parte. Y, sin ser su objetivo, la ha convertido en la “Agustina de Aragón” de la derecha. Querían callarla y lo que han conseguido es que sea una voz que arrastra a muchos, y no únicamente a quienes viven en Madrid.
Ha sido un gran error de cálculo. Y ahora, estas elecciones se han convertido en una especie de oportunidad para muchos para darle un revolcón tanto al señor Sánchez como a sus políticas. En la posibilidad, para muchos de los que se sienten hartos de la gestión del gobierno, de asestarle un pescozón al presidente, a sus socios de gobierno y a sus apoyos parlamentarios.
En la Moncloa, parece que se han dado cuenta de todo esto y han optado por eclipsar al candidato Gabilondo, y están actuando como si que el verdadero candidato socialista fuese el propio Sánchez.
Lo malo de querer tapar los errores es que, con frecuencia, al hacerlo se cometen otros. Y cabe la posibilidad de transformar unas elecciones comunitarias en un plebiscito. Si logra gobernar Ayuso, el que pierde no es Gabilondo sino el propio Sánchez.
No es momento para “faroles”. El órdago lo ha echado Sánchez y Ayuso lo ha aceptado. Veremos, al final, quien lleva la mejor jugada.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






