Segunda parte de la crónica de un Debate sobre el estado del Municipio que la alcaldesa Quislant convirtió en una especie de aquelarre antidemocrático
En la primera parte de la crónica comenté cómo la alcaldesa Quislant se convirtió en una jugadora política de ventaja. Incapaz de enfrentarse en igualdad de condiciones a la oposición, montó un Debate sobre el estado del Municipio amañado. Un desatino más de quien nunca debió ser alcaldesa de Pozuelo de Alarcón.
Pero, lo dicho ayer, dicho está y hoy toca comentar qué hicieron los portavoces de la oposición en dicho Pleno.
Cómo también dije en la previa del Debate, sentía mucha curiosidad por saber cómo se iban a comportar estos portavoces en un Pleno, en el que lo importante era su talla política. No sabía entonces la manipulación de ese Pleno que había perpetrado la alcaldesa Quislant y su obscena mayoría absoluta. Aunque poco hubiera podido hacer de haberlo sabido. Si acaso, hacer que alguien del Gobierno se hubiera puesto colorado… Aunque me temo lo peor. Este PP pozuelero residual ya no se pone colorado por nada… Está muerto aunque crea que gana elecciones.
En cualquier caso, me lo debí imaginar conociendo, como conozco, a esta alcaldesa pero, con la edad, debo estar perdiendo intuición. A ella no le gusta el debate. Ella solo quiere machacar.
Pero vayamos a lo que interesa…
Tras el apresurado e insulso discurso inicial de Quislant, que terminó con un guiño aprobatorio de la Presidenta Pita, era el turno del portavoz de Somos Pozuelo. No estuvo mal pero no me interesó nada. Este portavoz, en mi opinión, está inhabilitado para salir a ese estrado y hablar de política.
Me extrañó que aún no crea que Pablo Rivas está muy enfermo. Me extrañó. Solo eso. Y, sin embargo, eché de menos la justificación de su barriobajera pelea con agravante político y, a continuación, presentar su dimisión. Era lo que tocaba. Lo eché de menos.
No se puede venir a un Foro como el Pleno del Ayuntamiento de Pozuelo a darnos lecciones, tras reconocer que se pegó en la calle como un vulgar antisistema, y que no pase nada. Pero estos salvadores de la patria y de la política no lo entienden así. Ellos van a lo suyo.
No me parece bien su actitud pero respeto su libertad. Mi libertad es que su nombre no aparezca más en este diario. Desprecio la indignidad.
Y tras el portavoz de Somos Pozuelo, era el turno de Ángel González Bascuñana. El socialista estuvo bien. Sin cuidar su presencia en el estrado y en plan descamisado de Podemos, Bascuñana hizo un gran discurso político.
Un discurso basado en sus principios. Como se esperaba. Muy social. Muy medioambiental. La sostenibilidad ambiental es la base de todo en el PSOE de Pozuelo. Y habló del modelo de ciudad que quiere, mientras criticaba los conceptos políticos del Gobierno.
En un momento dado, hizo una pregunta fundamental: ¿Qué modelo de Pozuelo tiene usted en la cabeza, señora alcaldesa?
Lógicamente, la pregunta se quedó sin respuesta en la hegemónica intervención final de la alcaldesa. Para qué si ella lo que quería era herir a una oposición amordazada.
Después de esa exposición, Ángel bajó a casos concretos. Y ahí se perdió un poco. Creo que se obsesionó con usar todo el tiempo que le habían concedido y su discurso se deshilvanó. No hacía falta. Era suficiente. Su problema fue que a más entraba en datos concretos más munición le daba a Quislant para después.
Tenía que haber seguido manejando conceptos. En conceptos políticos, la alcaldesa de Pozuelo está perdida. Pero en los casos concretos se crece. Como mucho, Ángel debió dejar claro las inversiones ventajistas y su idea de participación ciudadana. Nada más.
Es mi parecer. Yo solo soy un crítico. Digo lo que me pareció bien y mal. Cada uno es responsable de sus actos.
Seguiré sin entrar en lo que Bascuñana volvió a decir sobre Pablo Rivas. Está en su derecho. Pero me extrañó también que no dijese nada del peleón confeso de Somos Pozuelo. Ahí me defraudó. Tal vez era lo fácil.
Y tras Ángel González Bascuñana, era el turno de Berzal. De Miguel Ángel Berzal, el portavoz de Ciudadanos.
Miguel Ángel entró al estado algo tenso. Hizo un chiste que tuvo que explicar y eso siempre es malo.
Nunca estuvo relajado. Como hizo un discurso bastante duro sobre la gestión, en cada punto que tocaba miraba de reojo la reacción de la alcaldesa. Como esperando leer su pensamiento.
No obstante Berzal puso de los nervios a Quislant, a Alba y a todo el Grupo Popular. Su discurso estuvo basado en todos los escándalos Quislant uno detrás de otro. Y eso se veía que haría daño pero también que nadie le perdonaría el atrevimiento.
Y habló de las crisis de Gobierno. Y de McDonald’s. Y de impuestos altos. Y de tasas abusonas. Y del cheque bebé de ZP. Y de la UNED. Y de prepotencia. Y de dimisiones. Y de transparencia. Y de mociones absurdas. Y, cada vez que mencionaba un fracaso de un Gobierno fracasado, encendía la hoguera de la vanidad de la alcaldesa. Se iba a enterar. Y vaya si se enteró.
También habló de Rivas y, sin embargo, no lo hizo del portavoz de Somos Pozuelo. Una pena.
Como Bascuñana, asimismo, cometió el error de hablar de hechos concretos y estaba tirado pensar que le caería la del pulpo. Primero con Félix Alba. Era fácil sacudirle sabiendo que no habría ninguna réplica. Y luego, con las manos atadas y la boca cerrada, Quislant lo achicharró. Berzal le sirvió a la alcaldesa de terapia contra esa rabia sarracena que tiene contenida y que muestra algunas veces.
Pero de eso hablaré mañana. Quiero hacerlo despacio. Para que quede para siempre como ejemplo de antidemocracia. No se puede sacudir la badana a alguien y no dejar que conteste. Es inaceptable.
El Capitán Possuelo





