Sueño de una noche de verano: Para que cambie la suerte en Pozuelo, la elección del candidato del PP y su lista electoral deben depender del PP Nacional y no de un viciado PP Regional

El calor que pasé anoche no me dejó dormir. Y, como manda la tradición, me puse a contar ovejitas pero nada, no me dormía. Y en esas estaba, cuando tuve un sueño. Un sueño despierto como suelen ser los sueños de una noche de verano.
Y soñé, cómo no, con Pozuelo de Alarcón y esa mala suerte que ha tenido los últimos años. Una mala suerte que empezó cuando, por culpa de la Gurtel, la elección de candidatos a alcaldes y de su lista electoral pasó de la séptima planta de la calle Génova 13 (PP Nacional) a la primera planta de dicha calle (PP Regional).
La guerra territorial entre líderes políticos peperos hizo lo demás. El PP Regional acusó al PP Nacional de los problemas creados con aquel escándalo cuando la realidad es que fue un caso político (como está suficientemente probado) que se llevó por delante a Jesús Sepúlveda.
El caso es que el PP Regional se hizo con el Gran Pozuelo de Alarcón, pese a la transformación que Sepúlveda había llevado a cabo en la ciudad logrando que pasase de pueblo a ciudad (Mariano Rajoy no quiso líos, como era su proceder político, y cedió), y a partir de ahí los candidatos y las listas electorales las hizo la primera planta de Génova 13. Y a partir de ahí, insisto, Pozuelo de Alarcón se paró. Alto. Pies quietos.
Y vino Paloma Adrados con la orden de destruir todo lo que se había hecho por si acaso estaba contaminado con el dichoso Gurtel. Y lo destruyó. Sin preguntar. Destruir por destruir. Sin mirar. Y ahí empezó la decadencia de la ciudad.
Y como Adrados, pese a vivir en Pozuelo, no quería hacer política en Pozuelo, en cuanto pudo se largó. Y como el PP Regional era un desastre por la guerritas internas, eligió la peor opción. Y Susana Pérez Quislant, una señora que había venido a Pozuelo de relleno (con el número 9 de la lista) y huyendo de problemas de Madrid, se vio de pronto de alcaldesa. Una indigente intelectual que ni siquiera vivía en Pozuelo ni sabía nada de la ciudad se puso a los mandos. Todo el mundo supo que aquello terminaría mal menos en la primera planta de Génova 13. Y empezó el desatino.
Y como el PP Regional seguía con problemas internos y al PP Nacional había llegado un tuercebotas murciano llamado Teodoro García Egea, Susana Pérez Quislant siguió. A él le daba igual. Aquel nefasto personaje quiso recuperar el Gran Pozuelo de Alarcón para el PP Nacional de la séptima planta o, mejor, para ampliar su propio poder. De hecho nos llenó el Ayuntamiento de murcianos a cambio de mantener a Quislant.
Y ya todo fue un desastre superlativo
Con la caída del murciano, Isabel Díaz Ayuso recuperó Pozuelo de Alarcón para la primera planta de Génova. Pero cuando todos pensábamos que ahí estaba la salvación de la ciudad, dejó el nombramiento de la candidata a la alcaldía del PP a Paloma Tejero y una lista absurda en manos de Alfonso Serrano.
Y de aquellos polvos, vinieron estos lodos. Estamos peor que con Quislant. Otros cuatro años perdidos.
De ahí mi sueño de una noche de verano del que le hablaba al principio.
Ayer soñé que para que la suerte de Pozuelo cambie, la elección del candidato del PP y su lista electoral debería depender del PP Nacional (de donde nunca debió salir) y no de un viciado PP Regional respecto a Pozuelo. No sabe nada de esta ciudad ni de su idiosincrasia ni le interesa. Decide de oídas y esta es una ciudad singular.
Pozuelo de Alarcón no es una ciudad al uso y no merece seguir parado en manos de políticas menores ni una sola legislatura más. Necesita algo mucho más importante.
Espero que mi sueño se cumpla.
Pepero Pozuelero






