El acoso a Juan Soto Ivars por la publicación su libro sobre las denuncias falsas en violencia de género o cuando el feminismo actual intenta silenciar la verdad incómoda, según X

En un contexto donde el debate sobre la violencia de género se ha convertido en un tabú intocable, el escritor y columnista Juan Soto Ivars ha decidido romper el silencio con su libro “Esto no existe: las denuncias falsas en violencia de género”.
Publicado el 13 de noviembre de 2025, este ensayo no solo documenta casos reales de denuncias instrumentales que han destrozado vidas masculinas, sino que cuestiona la aplicación sesgada de la Ley de Violencia de Género, una norma nacida con buenas intenciones tras el asesinato de Ana Orantes en 1997, pero que, según Soto Ivars, ha mutado en un arma de doble filo.
Sin embargo, en lugar de un diálogo maduro, el autor ha enfrentado una ola de acoso y intentos de cancelación que revelan lo peor del feminismo actual: una ideología que prioriza la narrativa victimista por encima de la evidencia y la justicia.
Desde el lanzamiento del libro, Soto Ivars ha sido blanco de una campaña orquestada que busca no solo deslegitimar su obra, sino borrarla del mapa cultural.
En X, usuarios como @verdadsmolestas haa denunciado cómo el texto “abre la caja de Pandora del mayor escándalo jurídico de la Historia de España”, al exponer un “aluvión de pruebas” de abusos en la aplicación de la ley, impulsados por un “odio FemiNazi” que ignora a las verdaderas víctimas de ambos sexos.
El autor mismo ha compartido en su cuenta @juansotoivars el impacto: “Exigen cancelar un libro sobre denuncias falsas con algo que no puedo definir sino como una abyecta denuncia falsa, que hago ‘apología de la violencia machista'”.
Este post, con miles de interacciones, ilustra el absurdo: acusar de machismo a quien denuncia el machismo del sistema judicial.
El acoso ha escalado a acciones concretas. En Sevilla, la izquierda radical organizó un escrache contra la presentación del libro en una biblioteca pública, exigiendo su cancelación inmediata, como reporta @abc_es: “La izquierda organiza un escrache contra Juan Soto Ivars en la presentación de su libro sobre las denuncias falsas de violencia machista”.
Grupos como @infansilenciada han sumado su voz, demandando que se impida el evento en espacios financiados con dinero público, bajo el pretexto de que el libro “difunde mentiras” y pone en riesgo a las mujeres.
Sobre esta táctica de boicot no es aislada, @pabloharour destaca cómo “un grupo de charos intenta cancelar a Soto Ivars por su libro”, convirtiendo el debate en una cacería ideológica que silencia voces disidentes.
Lo más revelador es cómo este frenesí contradice sus propios principios.
@JartivistaPower ironiza: “Le pone de título ‘Esto no existe’. A la Justicia, gafas moradas. Y las feministas dándole la razón, pidiendo que el libro no se venda, que se censure… Haciéndole la campaña publicitaria”.
Al intentar censurar, estos activistas validan involuntariamente la tesis de Soto Ivars: que la ley se usa como “esbirro del Estado para maltratar a hombres”, como él mismo declara en una entrevista compartida por @abc_es.
Usuarios como @fuegomudo van más allá: “Si el libro de Juan Soto Ivars no fuese cierto no habría levantado las ampollas que ha levantado en ese feminismo”.
El intento de claudicación —forzar al autor a retractarse o esconderse— no solo fracasa, sino que amplifica el mensaje, alcanzando el número uno en ventas de Amazon en preventa.
Este episodio expone la barbaridad del feminismo contemporáneo: un dogmatismo que, en nombre de la protección, fomenta la desconfianza generalizada y perpetúa injusticias.
Mientras decenas de mujeres son asesinadas anualmente, el foco en denuncias falsas no niega esa realidad, sino que exige equidad.
@LaMscaradelFem1 lo resume: la ley “solucionó el problema de Ana Orantes y creó el de Juana Rivas”, un ciclo de víctimas silenciadas por ideología.
Soto Ivars, con su coraje, no claudica; al contrario, su libro se convierte en un faro contra la cancel culture que asfixia el pensamiento libre.
En última instancia, este acoso no debilita al autor, sino que desenmascara un feminismo que prefiere la pureza doctrinal a la verdad compleja.
España necesita más voces como la de Soto Ivars, no menos.
Porque la verdadera violencia es la que se ejerce en nombre del feminismo.
El Atalayero






