A propósito del Museo de Pozuelo y su debate en el Pleno

(11-02-14) Ya lo hice ayer, pero reitero mi petición de perdón por creer que se había aprobado, en el último Pleno, una petición tan razonable como fue la creación de un Museo de Pozuelo.
Dicho esto, y tras ver la grabación del Pleno (nunca agradeceré bastante a quién puso en marcha esta iniciativa) y observar cómo se llevó a cabo el debate, voy a volver a comentar la jugada. Por su puesto, mantengo todo lo que dije ayer sobre el dichoso museo. Pero no por cabezonería sino porque me parece una buena idea. También es verdad que me da igual que no se haya aprobado.
Pero como fue un debate tan pobre en todos los sentidos, creo que merece algunos comentarios ad hoc. Así que vayamos por partes que diría Jack el Destripador.
Empezaré diciendo que a nuestros concejales les debió costar tanto esfuerzo el debate sobre la reforma del aborto y sobre la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana que, cuando llegaron a éste, ya no daban más de sí.
Si, como dije ayer, el señor Rueda (UPyD) daba la sensación de que hacía la presentación del tema con miedo a que le llamasen la atención, la intervención del señor Fernández Palomares (PSOE) fue tan deprimente como la del alumno que no se sabe la lección y no hace más que dudar y darle vueltas al tema esperando que ‘la seño’ le diga: ‘Bueno, va… Termina que hoy no es tu día’. Tan es así, que en cuanto la señora Adrados le dijo: ‘Vaya terminando…’ Terminó.
Pero ¿qué razones adujo el Grupo Popular para no aprobar la creación del Museo? Aparte del criterio económico, basado en la teoría política pozuelera del ‘tiogilismo’, la intervención de la señora González (PP) se podía resumir en un viejo dicho: ‘Como sé que te gusta el arroz con leche, por debajo de la puerta te meto un ladrillo’. O sea, nada. Tenía que hablar del museo y habló de lo que quiso. Le hubiera bastado con decir que al Grupo Popular no le parecía bien la idea y a otra cosa mariposa. Pero el mareo que le dio al tema, aderezándolo con una frase que dijo que era de Napoleón (con lo fácil que es consultar Google) y los datos inconexos y absurdos que le escribieron sus asesores, hizo que su discurso fuese algo penoso.
En el cierre del debate, por cierto, la señora Adrados quiso hacer un chiste pero estuvo poco afortunada. La improvisación tiene esas cosas. Por supuesto, no se entendió el resultado de la votación porque sigue sin oírse a la secretaria. Lo que se oyó fue ‘mmmmmmmm’, con lo que se debe entender que se rechazó la moción.
En cualquier caso, y dando el museo por muerto y enterrado, yo recomendaría a los señores concejales que volviesen a ver el video de sus intervenciones. Con ello se darían cuenta de las cosas que dicen y de la puesta en escena que hacen. Lo digo porque es algo muy educativo y recomendado en todas las escuelas de comunicación del mundo.






