Hablando de desalojos y llantos de la izquierda: Hace 11 años, 15 vecinos de Pozuelo (varios de 80 y 90 años) fueron desalojados de Coca de la Piñera y nadie derramó ni una sola lágrima

Estimado Capitán:
Ahora que toda la izquierda y la ultraizquierda (usando la terminología de Pedro Sánchez sobre todo aquel que difiere de su autocracia), incluida la pozuelera, anda llorando con el caso “Maricarmen” y su desgraciada muerte (aunque no quiero calificar de “lágrimas de cocodrilo” políticas por respeto a la fallecida), quiero recordar la vieja historia de un desalojo en 2015, sucedido en esta ciudad, y por la que nadie (ni si quiera ellos) derramó ni una sola lágrima.
Ni una sola.
Y fue un desalojo muy dramático.
Y es que hay historias conmovedoras, también en Pozuelo, que quedan en la memoria de quienes las vivieron…
Y esta locura político-canalla por esta pobre mujer, me la ha recordado.
En febrero de 2015, los vecinos del Bloque C (portales 11 y 12) de las viviendas públicas Coca de la Piñera recibieron una noticia que iba a cambiar sus vidas.
Tenían que abandonar sus casas.
Y no por una orden judicial.
El Gobierno de entonces decidió, tras un informe técnico que no se hizo público, trasladar a los 15 vecinos a las viviendas públicas de Miradores II.
La medida se presentó como necesaria para garantizar su seguridad, se aseguró que el realojo mantendría unas condiciones similares y que el Ayuntamiento asumiría los gastos de la mudanza…
Todo muy aséptico. Demasiado. Aunque entonces corría un rumor maléfico que aseguraba que el Gobierno, incapaz de reparar el Bloque, porque daba muchos problemas, decidió que había que derribarlo.
Y todo el mundo estuvo de acuerdo.
Nadie quiso ver que detrás de aquella decisión había personas vulnerables, no solamente viviendas con problemas.
Sobre el papel era un expediente administrativo.
Un informe, una decisión, unas viviendas de realojo y una mudanza.
Pero para los vecinos afectados aquello fue mucho más.
Algunos vecinos llevaban alrededor de medio siglo viviendo en Coca de la Piñera.
Eran personas mayores que habían construido allí toda su vida. Sus recuerdos, sus relaciones con los vecinos, sus rutinas y su propia historia personal.
Para algunos, abandonar aquella casa no significaba simplemente cambiar de domicilio. Significaba abandonar el lugar en el que habían vivido durante décadas.
Hubo vecinos de 80 y 90 años para quienes el cambio resultó especialmente traumático.
Según testimonios de aquella época, algunos sufrieron ansiedad, dejaron de dormir y tuvieron serias dificultades para adaptarse a la nueva situación.
Los sacaban de sus casas por algo que no comprendían…
Y se produjeron situaciones de enorme gravedad que todavía hoy se recuerdan como aquel vecino que no quería irse y estaba dispuesto a llegar hasta sus últimas consecuencias.
O como Aurora, de 90 años. Poco después de trasladarse a Miradores falleció. Como ahora Maricarmen.
Su historia quedó grabada en la memoria de quienes vivieron aquellos días.
Pero dio igual.
El 26 de febrero de 2015, el Pleno municipal aprobó por unanimidad una moción que planteaba estudiar la rehabilitación o reconstrucción del Bloque C y establecía que los realojos no debían convertirse en definitivos hasta analizar esas posibilidades.
Lo recuerdo porque El Correo de Pozuelo publicó lo que se aprobó:
-Elaborar un programa de actuaciones necesarias para la rehabilitación de las viviendas del Grupo Fernando Coca de la Piñera.
-Orientarlo a garantizar su habitabilidad futura y posibilitar que los arrendatarios pudieran adquirir las viviendas.
-Convocar urgentemente al Consejo Social de la Ciudad para informar sobre el borrador.
-Y, sobre todo: que los realojos no fueran definitivos hasta estudiar en profundidad las posibilidades reales de rehabilitación o reconstrucción del bloque C.
Bla,bla,bla,bla…
Todo, palabras que se llevó el viento.
El Ayuntamiento reconoció oficialmente que las conclusiones del informe encargado sobre Coca de la Piñera se conocieron el 19 de enero de 2015 y que, en él, se hablaba de que el bloque C tenía aluminosis.
Pero nadie lo vio.
Sin embargo, apenas nueve meses después de aquel Pleno de las medidas a llevar a cabo, en diciembre de 2015 y sin que nadie supiese nada, el Bloque C fue demolido.
En el Pleno del 17 de ese mismo diciembre, tras una intervención de Miguel Ángel Berzal (portavoz de Ciudadanos) la propia alcaldesa Paloma Tejero, entonces concejala de Urbanismo, respondió que no había un destino específico previsto para el solar y que se le daría el uso que permitiera el planeamiento y que resultara más adecuado para los intereses municipales.
Más palabras que se llevó el viento.
Unos años después se construyó en el solar un edificio con una historia dramática.
Tan dramática que, incluso, no se terminó porque no había dinero para pagarlo y, presuntamente, está construido en un lugar prohibido porque, por ahí, pasaba el Arroyo Pozuelo antes de su desviación.
Han pasado once años.
Hoy, Coca de la Piñera ha cambiado.
Los edificios A y B han desaparecido también pese a no tener aluminosis y nuevas promociones ocuparán su espacio si el Gobierno decide cumplir la ley.
Los expedientes quedaron archivados y aquella historia dejó de ocupar titulares.
Pero no necesariamente desapareció para quienes tuvieron que marcharse.
Todavía hoy hay antiguos vecinos que viven en Miradores y que recuerdan aquel traslado con dolor. Personas para las que aquel día no fue simplemente el comienzo de una nueva etapa obligada, sino el final brusco de la vida que habían conocido durante décadas…
Porque detrás de cada vivienda había una historia.
Pero, en aquel momento, la izquierda y la ultra izquierda pozuelera no derramaron ni una sola lágrima.
Ni una sola.
En Coca de la Piñera había 15 personas, algunas muy mayores, a las que se les pidió que abandonaran el lugar que durante medio siglo habían llamado hogar.
Y el problema es que algunas de aquellas heridas siguen abiertas porque, aparte de obligarlas a irse de sus casas, nunca entendieron por qué…
Juana Pozuelo






