Vuelvo a Pozuelo y Andrés Calvo-Sotelo me lo pone a huevo


(08-11-13) Ya he vuelto del Monasterio Cartujo. Y vuelvo relajado. Qué maravilla de lugar. Qué silencio. Se lo recomiendo a alguna autoridad pozuelera. Les cambiaría el carácter. Traigo buen ánimo, incluso. Adiós al estrés. Viva Pozuelo. Viva ese pedazo de equipo de Gobierno que nos gobierna y nos da calidad de vida. Qué gusto.
Pero… En Pozuelo siempre hay un pero. Cuesta creerlo pero es verdad. Siempre hay un pero. Y el pero de esta vez es para ir a hacer pis y no echar gota. Lo primero que me encuentro, al pasar bajo el puente del tren de La Estación, son unas paredes cochambrosas que demuestran que este no es el pueblo de la calidad de vida. Que vale, que sí, pero los bajos del puente no lo parecen. Y yo no quería pero Andrés Calvo-Sotelo me lo ha puesto a huevo. Mucha remodelación del entorno de La Estación y dejan de lado la entrada.
¿Cómo es posible que nadie del equipo de Gobierno se haya dado cuenta de que las paredes necesitan una manita de llana y de pintura? Están penosas.
¿Qué pasa, Andrés, tú tampoco pasas nunca por ese pequeño túnel o es que llevas siempre gafas de sol súper oscuras?
Aunque lo mismo sería más correcto hablar de ceguera colectiva.






